Capítulo 1 La desaparición

Ese día Montevideo no amanecía, se aclaraba.

Desde el ventanal de su apartamento en Punta Carretas, Carmen Anido Pérez observaba el Río de la Plata como si fuera una superficie matemática: plana en apariencia, inestable en profundidad. El cielo estaba cubierto por una capa gris uniforme que no amenazaba tormenta ni prometía sol. Un estado intermedio, suspensivo, no tan frecuente para un dos de enero del caluroso verano ya instalado en la costa de la capital. De todas maneras, esto podía cambiar en cualquier momento y el día prometía calor.

Preparó la cafetera y se fue a instalar a su escritorio, donde tiene todo a su alcance y trabaja cómoda.

Su estudio era el único espacio de la casa donde la tecnología no dominaba completamente. Había dos pantallas grandes y un monitor auxiliar vertical, es cierto, pero también una biblioteca de libros de papel clasificada por materias, no por autores. Estaban sus temas, alineados como parte de su vida. Propiedad intelectual. Competencia. Contratación tecnológica. Derecho corporativo. Teoría de sistemas. Directivas europeas. Son sus temas de especialización, dentro del derecho comercial, que había comenzado a enseñar en la Facultad de Derecho, UDELAR, desde pocos meses después de egresada como abogada hace casi veinte años. Aparte estaba su pasión por la informática, que era uno de sus lenguajes naturales. En un rincón del estante más cercano a su sillón, hay varios cuadernos pequeños, cada uno por cada proyecto en curso, donde todavía escribía a mano. Entre ellos, el cuaderno azul de los pensamientos.

La noche anterior había terminado la versión final de su artículo:

“Moderación algorítmica y responsabilidad estructural en plataformas de intermediación académica.”

No era un texto incendiario, sino preciso. Sostenía que los sistemas de priorización automática no solo organizaban información, sino que también moldeaban jerarquías epistémicas. En consecuencia, debían someterse a estándares de transparencia equivalentes a los de cualquier forma de poder regulatorio. Lo había fundado parcialmente en otros artículos doctrinarios, así como - especialmente - en una investigación cuali-cuantitativa que había realizado, aplicando un original algoritmo de inteligencia artificial al seguimiento de tres artículos de opinión propios de los últimos dos años, publicados en revistas científicas de primer orden global.

El último artículo lo había publicado la noche anterior, cuando entendió que estaba terminado. Lo envió a tres repositorios académicos y lo subió a su perfil institucional. Al otro día, temprano, quería saber cómo venían las reacciones por el contenido, a eso se dispuso de inmediato. Dadas las diferencias horarias varios de sus colegas, especialmente europeos, que - como ella - siguen los temas científicos permanentemente, seguro ya se habrían enterado de su nuevo estudio.

Haber ideado el seguimiento de ese tipo de información, organizado su exposición y vincular todo con las consecuencias jurídicas le había parecido un desafío entusiasmante. Por eso tenía curiosidad y expectativa en la repercusión del artículo publicado la noche anterior.

Abrió el navegador.

Tecleó su nombre.

Nada.

Frunció el ceño. Probó con el título exacto.

Nada.

Probó con una frase textual del resumen.

Nada.

Se inclinó hacia la pantalla. No había error 404. No había aviso de retirada. Simplemente no aparecía. No había nada de nada.

Respiró hondo y pensó: “Paciencia Carmen, internet se puso rebelde, debe ser algo evidente que hiciste mal ayer, seguramente cansada del trabajo, te apuraste por terminar y algún comando de algo no mandaste. De todas maneras, la invisibilidad no es lo mismo que la eliminación.”.

Entró directamente al enlace del repositorio universitario. El archivo estaba allí. Descargable. Íntegro. Bien. Hay que ver a partir de ahí.

Volvió al buscador académico y filtró por fecha, pidió por las últimas 24 horas.

Aparecían artículos enviados horas después que el suyo, otros temas. El suyo no figuraba.

Abrió uno de sus cuadernos de ideas, el de tapa azul y escribió: “No es ausencia. Es desplazamiento.”

Tomó el teléfono.

- Marina, ¿estás en la oficina?

- Siempre - respondió su prima, con el tono práctico que no variaba ni ante un incendio - . ¿Qué pasa?

- Necesito que modelices una hipótesis.

- Eso suena mal.

- Mi último artículo no aparece en indexación académica.

Silencio breve al otro lado, estaría ya buscando información sentada en su computadora.

- ¿Error técnico?

- No parece. El archivo existe. Pero no se posiciona.

- Mandame el enlace. Dame dos horas.

Carmen cerró la llamada.

No estaba alarmada. Estaba interesada.

La manipulación directa deja huellas.

La alteración de ranking exige arquitectura.

En el mundo algorítmico en que vivimos, estamos insertos en arquitecturas, es decir, en estructuras de modelos de inteligencia artificial. Dan forma a conexiones que configuran las capas, neuronas y flujos de información correspondiente. Son tan diversas las arquitecturas que se pueden encontrar, como las distintas formas en que los datos ingresados se transforman con su entrenamiento, hasta la salida.

En este momento tocaba esperar la devolución de Marina Anido Oriello, su prima. Los padres de Carmen fallecieron años atrás al poco tiempo de que ella iniciara sus estudios universitarios, en los que se refugió. Ella está más cerca de los cuarenta años que de los treinta. Los padres de Marina y la familia propia de su prima habían sido su referente familiar desde entonces. Juntas eran un equipo de investigación y trabajo muy eficiente, cada una en lo suyo. Derecho y matemáticas, dicho a lo clásico, tienen muchas más convergencias de las que normalmente se dejan ver. Los algoritmos de la inteligencia artificial son solamente un ejemplo. Como equipo habían trabajado ya en varios proyectos y tenían, como experiencia en común, varias consultorías realizadas.

Carmen se levantó, caminó hasta la cocina y volvió con café. Otra vez. Se sentó y comenzó a revisar manualmente la situación en relación con otros artículos recientes de colegas sobre regulación de plataformas.

Encontró uno crítico, de un investigador portugués y, curiosamente, tampoco aparecía en búsquedas generales.

Probó con un texto entusiasta sobre innovación algorítmica publicado por una consultora privada.

Primera posición.

Apoyó los dedos sobre el escritorio y los alineó cuidadosamente.

El mundo no suele desordenarse de manera caprichosa.

Sonó el teléfono.

- No es aleatorio - dijo Marina sin saludo previo - . Te pasé un gráfico. Tomé veinte artículos críticos publicados esta semana en distintos repositorios. Diecisiete están desplazados más allá del percentil de visibilidad habitual.

- ¿Margen de error?

- Estadísticamente irrelevante.

- ¿Sesgo por palabras clave?

- Sí. Pero no por palabras aisladas. Por combinaciones semánticas. “Regulación + responsabilidad”. “Transparencia + plataforma”. Es un filtro probabilístico.

Carmen cerró los ojos.

- Eso implica entrenamiento dirigido.

- Implica dataset curado - corrigió Marina - . Y función de pérdida optimizada para penalizar ciertos patrones discursivos.

Carmen sonrió apenas.

Marina hablaba en matemáticas.

Ella traducía a su perspectiva.

- ¿Podría ser un bug?

- No con esta consistencia.

Carmen giró la silla hacia la ventana y vio que el río seguía plano, pero ahora sabía que no lo estaba.

- Gracias, Marina. No compartas esto todavía.

- Carmen - dijo su prima, con un matiz distinto - . Si esto es lo que parece, alguien decidió modular la visibilidad académica, al menos en ciertos temas.

- Sí, así parece.

- Eso no es una mejora técnica.

- No, no lo parece.

- Y podría ser en muchos asuntos, con diversas combinaciones expresivas...

- Es verdad. Podría abarcar mucho o ser tan deliberadamente selectivo... También hay que ver desde cuándo. Recién lo estoy percibiendo ahora, al menos en esta temática.

Cortó. Desconcierto, como el que uno recuerda que tuvo luego que está en medio de un gran problema.

El teléfono vibró casi inmediatamente. Número desconocido, prefijo español.

- ¿Doctora Anido Pérez?

La voz era masculina, baja, modulada, era claro el acento gallego en su entonación.

- La misma.

- Tomás Sánchez Loureiro. Nos conocimos y conversamos brevemente en un congreso en Santiago de Compostela dos años atrás.

El nombre tardó un segundo en encajar. Informático y científico de datos. Brillante. También miembro de fuerzas policiales con su expertiz, a nivel nacional español y europeo, de alto nivel. Serio y ocupado, le había dado esa sensación. Conferencia sobre optimización de redes distribuidas. Sí, Carmen se acordaba perfectamente. Un perfil peculiar.

- Lo recuerdo señor, un gusto atenderlo.

- He leído su nuevo artículo.

Carmen miró la pantalla. Invisible.

- Interesante afirmación, considerando que no aparece indexado.

Una pausa mínima. Imperceptible para quien no supiera escuchar.

- Precisamente por eso llamo - respondió él.

El silencio se densificó.

- No entiendo. - dijo Carmen.

- Usted sostiene que la moderación algorítmica puede convertirse en arquitectura de poder estructural. Me pregunto si ha considerado que la arquitectura algorítmica también puede estabilizar sistemas excesivamente reactivos.

Carmen no tomó nota. Lo memorizó. Contestó de inmediato.

- La estabilidad no es argumento para la opacidad.

- La transparencia total genera volatilidad.

- La deliberación pública genera legitimidad, Tomás.

Otra pausa.

- Doctora, ¿usted cree que los mercados pueden absorber cualquier narrativa sin consecuencias sistémicas?

- Lo que yo creo es que que las narrativas no deben administrarse en secreto.

El tono de él no cambió.

- Nadie administra narrativas. Se optimizan flujos de información.

Carmen apoyó los codos en el escritorio, ya veía complicarse las cosas y no tenía totalmente claro hacia dónde se dirigía su interlocutor.

- ¿Está usted sugiriendo que mi artículo fue penalizado por un modelo de priorización?

- Estoy sugiriendo que los modelos aprenden de datos. Y los datos reflejan incentivos.

- Los incentivos se diseñan.

- Exactamente.

Esa palabra quedó suspendida.

Carmen comprendió entonces que la invisibilidad no era accidente ni error ni sabotaje puntual.

Se trataba de un diseño paramétrico y eso era mucho más grave. Además, por la llamada que estaba recibiendo, evidentemente era algo que se estaba investigando vaya a saber por qué, pero seguro en un ámbito de seguridad informática.

- ¿Quién definió la función objetivo? - preguntó Carmen seguidamente. La función objetivo dice mucho sobre la aplicación que sea que uno esté procurando entender en informática en general, de toda la vida. Es la ecuación lineal o representación matemática que expresa el propósito principal del problema, en función de las variables de decisión. Hay que tenerla clara para entender cada aplicación.

El leve cambio en la respiración del otro lado fue la única señal de que la pregunta había impactado, poco antes de que Tomás le contestara.

- Siempre hay múltiples actores involucrados en la optimización de sistemas complejos.

- No le pregunté eso.

- Doctora - dijo Tomás con suavidad - , los sistemas de información contemporáneos no pueden permitirse amplificar discursos que alteren innecesariamente la estabilidad de mercados estratégicos.

Ahí estaba. No era un tema de censura. Se trataba de la estabilidad. De la presunta estabilidad.

Carmen sintió una claridad fría, casi física.

- ¿Está usted modulando visibilidad académica para influir en la percepción regulatoria?, dijo Carmen.

- No, nada de eso. No estamos en el origen de la iniciativa. Solamente estoy interpretando en una primera lectura lo que sucede y, tal vez, contribuyendo a que la transición tecnológica no sea interrumpida por reacciones desproporcionadas.

- Eso no es transición. Lo que está pasando es ingeniería de opinión.

- Es gestión de externalidades - contestó categóricamente Tomás Sánchez. Concepto muy de la economía, el de externalidades. Quienes manejan ese concepto lo ven, en general, como el efecto positivo o negativo que la producción o el consumo de un bien o servicio genera sobre terceros que no son parte de la transacción económica específica, pero que reciben dicho impacto. Se lo identifica y aplica en cada vez más ámbitos, pero usualmente a impacto de elementos extraños en temas delicados.

Agrega luego Tomás: - Se habla de la adquisición de tecnología reciente por parte de una empresa gallega. Hace menos de un año. Todo apunta hacia el desarrollo de estas funcionalidades.

Carmen dejó que el silencio creciera.

- ¿Sabe cuál es el problema de los sistemas complejos, señor Sánchez? - preguntó finalmente -, que cuando se autojustifican, dejan de distinguir entre eficiencia y legitimidad.

Al otro lado, por primera vez, un leve tono distinto, de interés.

- Tal vez - dijo él - deberíamos conversar en persona. Santiago o Montevideo.

- ¿Para explicarme cómo funciona mi propia hipótesis?

- Para ampliarla.

Carmen miró el cuaderno azul abierto. No es ausencia. Es desplazamiento.

- Acepto - respondió Carmen y cortó.

Era una alternativa lógica para encontrarse: acá o allá, dicho por cualquiera de los dos.

Carmen tiene su trabajo académico y como consultora con base en Montevideo, que es donde vive. Se traslada con frecuencia a Santiago de Compostela, no menos de tres veces por año, con períodos extensos como enero/febrero. Ahí es profesora visitante de la universidad de la ciudad e integra equipos conjuntos como jurista, con otros colegas e ingenieros informáticos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, ETSE en su sigla en gallego, en el que sigue llamando Campus Sur de la USC aunque ahora le pusieron Campus Vida, no tan lejos del edificio de la Facultad de Derecho. Además, es donde la convocan varias veces sus contactos profesionales.

Tomás tiene su base de actividades en España. Se lo encuentra con cierta frecuencia en Santiago de Compostela, no quiere estar lejos de donde vive su padre que es viudo - la madre de Tomás falleció hace casi diez años -, así como una parte muy importante de su familia. Pero no puede estar mucho en su ciudad. Su perfil de trabajo es de expertiz informática y análisis de datos en la Unidad Técnica de la Policía Judicial, de la Guardia Civil, específicamente en plataformas y redes digitales. Generalmente misiones - nacionales o globales - de carácter reservado, de seguimiento tanto como de apoyo en investigaciones abiertas. Su base habitual está en Madrid, necesariamente, por más que su casa está en Santiago. La mayoría del tiempo está donde lo necesiten y envíen de la policía de España o cumpliendo misiones de cooperación internacional que, en su caso, a veces lo llevan a Latinoamérica. Por eso visita cada vez que puede a sus tíos y primos uruguayos, parte de su familia paterna que se fue de Galicia y nunca perdió los lazos con su tierra.

Ya coincidirían.

Luego de cortar la comunicación, Carmen se quedó inmóvil varios segundos.

El mundo no se había alterado visiblemente. No había pantallas negras, no había amenazas explícitas, se trataba solamente de una variable desplazada.

Abrió el navegador otra vez y buscó un término neutro de su artículo. Recién aparecía en la página cinco. En la cinco...

No es eliminación, pero claramente hay relegación debajo del umbral de influencia.

Tomó el cuaderno azul y escribió:

“Algoritmo mordaza:

No suprime. Desplaza.

No prohíbe. Atenúa.

No elimina. Silencia.”

Cerró el cuaderno con decisión.

Esto ya no era un problema académico. Era una arquitectura invisible incidiendo en la formación del pensamiento. La llamada de Tomás Sánchez la había puesto en la dirección específica para analizar lo que sucedía. No parecía una casualidad. Alguien, en algún lugar entre Montevideo y Santiago de Compostela, había decidido ajustar la intensidad del pensamiento crítico y con un algoritmo silenciaba información predeterminada que elegía.

Carmen se levantó.

Llamó a Marina.

- Confirmame algo más.

- Decime, Carmen.

- ¿Podés estimar cuánto capital podría moverse si determinados debates regulatorios bajaran veinte puntos en visibilidad durante tres meses?

Silencio largo.

- Mucho - dijo Marina finalmente - . Muchísimo.

Carmen miró el río otra vez.

Ahora sí parecía moverse.

- Entonces no estamos ante un error técnico - concluyó Carmen.

- ¿Ante qué estamos?

Carmen respondió con calma absoluta:

- Ante un modelo de manipulación estructural.

Y por primera vez en años, sintió algo que no era curiosidad ni análisis.

Era una forma tenue, precisa, creciente de peligro. La libertad de expresión y pensamiento estaba siendo afectada. Dicha constatación, que podía parecer algo simple por el tema a partir del cual había explotado en su vida presente, no sólo explicaba oscilaciones de tendencias de opinión que había percibido y le habían parecido imposibles. También dejaba en evidencia un área de intereses económicos en la manipulación de opinión en redes y plataformas que podían adquirir dimensiones globales inmensas y alarmantes. Tantas veces escuchó sobre esto, ella misma habló o especuló, sobre su existencia. Pero hoy lo había constatado, vivido directamente, lo había dimensionado. Y, en ese momento, sentía que había quedado al inicio de un camino para hacer algo al respecto.



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