Capítulo 20 El umbral de la renuncia
El rediseño de la función de optimización no fue anunciado con estridencia ni acompañado de eslóganes redentores.
Se presentó como un ajuste estratégico orientado a “fortalecer la sostenibilidad del ecosistema informativo”, una fórmula deliberadamente sobria que evitaba admitir implícitamente que el modelo anterior podía haber sido insuficiente. Sin embargo, quienes conocían la arquitectura interna comprendían que el cambio era mucho más profundo de lo que el comunicado sugería.
El equipo técnico trabajó durante varias jornadas en la reformulación de la función objetivo. No se trataba solo de maximizar la interacción potenciada por relevancia predictiva del algoritmo, sino de incorporar necesariamente variables adicionales: diversidad de fuentes, estabilidad conversacional, dispersión temática y reducción de concentración extrema. Cada nueva variable exigía una definición operativa, métricas cuantificables y, sobre todo, criterios que evitaran introducir sesgos normativos encubiertos.
Marina consiguió transferir parte de su jornada laboral en la empresa a trabajo remoto y se trasladó temporalmente a Santiago de Compostela para participar presencialmente en las sesiones intensivas clave de modelado. En Montevideo, Juan Carlos, su marido, ya había retomado días antes el trabajo, preparando el nuevo año lectivo escolar.
Fueron jornadas largas e intensas, atravesadas por discusiones que oscilaban entre ecuaciones y filosofía política. Marina se quedaba en O'Soportal, mismo hotel de siempre de Carmen. Usualmente volvían juntas del trabajo del día, alguna de ellas pasaba a buscar a la otra, tomaban algo de camino e intercambiaban comentarios de la sesión de la jornada. A veces las acompañaba alguno de los colegas con quienes compartían, cada una, las jornadas de trabajo.
En una sesión de trabajo, un ingeniero planteó una objeción directa:
- Si penalizamos sistemáticamente el contenido altamente polarizante, corremos el riesgo de invisibilizar conflictos legítimos.
Marina respondió sin apelar a consignas.
- No se trata de penalizar posiciones fuertes, sino de evitar que la estructura del sistema premie desproporcionadamente la intensificación emocional como estrategia dominante.
La distinción era sutil, pero muy importante. El objetivo no era neutralizar el conflicto, sino impedir que la arquitectura del sistema lo exacerbara como atajo hacia la visibilidad. En definitiva: no manipular.
Carmen asistió como observadora crítica en varias reuniones. Su función no era diseñar el algoritmo, sino cuestionarse sobre las implicancias normativas de cada ajuste. A veces formulaba preguntas que incomodaban al equipo técnico, no por su tono, sino por su profundidad.
- ¿Cómo distinguimos entre diversidad genuina y dispersión artificial? - preguntó en una sesión particularmente tensa - . ¿Qué umbral de estabilidad consideramos saludable sin caer en una noción implícita de consenso?
El silencio que siguió evidenció que el problema excedía el cálculo matemático. Siempre había un margen difuso.
Mientras el rediseño avanzaba, el consejo de administración enfrentaba una presión distinta. Algunos accionistas de Infranet Systems, que seguían atentamente el desarrollo informático, comenzaron a expresar inquietud por la posible reducción en métricas de crecimiento. No se oponían abiertamente a la reforma, no veían razonablemente otra salida, pero exigían claridad sobre su impacto financiero.
En una reunión cerrada que solicitaron al equipo técnico con algunos jefes, uno de los representantes de un fondo internacional fue muy claro al respecto:
- La responsabilidad social es valiosa, pero no puede diluir la competitividad. No se deja de recibir el rumor de que la competencia se reposiciona fuera de estos parámetros, aprovechando que Bruselas todavía no terminó con la redacción de su estándard, algo que desvía fondos de inversión para proyectos de otros.
Adrián escuchó con atención y respondió con una serenidad que contrastaba con la tensión del momento.
- La competitividad a largo plazo depende de la confianza sistémica. Nuestro traspié, digamos, está siendo manejable porque fue el primero en quedar en evidencia. Todo otro sucesivo en dicha línea será trágico porque con la experiencia de nuestro antecedentes, si no lo evitaron fue porque no quisieron. Si el entorno regulatorio se endurece o la percepción pública se deteriora, el costo será mayor que cualquier ajuste actual para nosotros, mucho más para ellos. Y seremos varios quienes estemos controlando qué sucede en el mercado.
No era una defensa idealista, sino una evaluación estratégica. Adrián sabía que el margen de tolerancia de los mercados no era infinito. Para nadie.
El primer modelo experimental estuvo listo luego de casi diez días de actividades, el diecisiete de febrero. Las simulaciones mostraban una reducción moderada en tiempo promedio de permanencia, acompañada de una distribución más equilibrada de contenidos entre distintos segmentos ideológicos y temáticos. La volatilidad en picos de interacción disminuía, aunque también lo hacía la intensidad de ciertas tendencias virales.
Marina presentó los resultados ante el comité de supervisión y el consejo de administración, en conjunto. Explicó con precisión metodológica las hipótesis, los límites de la simulación y las incertidumbres residuales.
- No podemos garantizar neutralidad absoluta - advirtió - . Lo que podemos hacer es reducir incentivos estructurales hacia la amplificación extrema.
Uno de los miembros del comité formuló la pregunta que sobrevolaba la sala.
- ¿Estamos preparados para aceptar que el éxito ya no se mida únicamente en crecimiento exponencial?
La cuestión no era técnica, sino cultural. La respuesta no querían conocerla todos.
Esa noche, Adrián Figueroa permaneció solo en su despacho, revisando por última vez el informe interno que recomendaba implementar el nuevo modelo en fase piloto global.
Sabía que esa decisión marcaría un punto de no retorno. No implicaba una renuncia a la rentabilidad, pero sí a la lógica de expansión sin matices que había guiado los primeros años de la empresa. Entendía que, a la larga, era también una apuesta a la rentabilidad en el nuevo contexto. Esperaba poder transmitir la idea debidamente al consejo de administración, la asamblea y a todos los inversores del entorno societario de Infranet System.
Recordó la reunión inicial tras la crisis, cuando el objetivo era simplemente contener daños. Ahora la decisión era más radical, se buscaba redefinir el núcleo operativo.
Tomó el teléfono y llamó a Carmen.
- Mañana lo presento al consejo de administración para aprobación final - dijo sin preámbulos - . Si lo aprueban, activamos el piloto en cuanto se pueda.
- ¿Estás convencido? - preguntó ella.
Hubo una pausa breve.
- Estoy convencido de que no hacerlo sería más riesgoso. Hoy no hay camino mejor para sostener nuestro desarrollo.
La respuesta no buscaba aplauso, era una constatación madura.
El consejo de administración aprobó el piloto con una clara mayoría, aunque no hubo apoyo unánime. Al menos quienes no votaron a favor, fueron abstención. No hubo votos en contra manifiestamente. La implementación sería gradual aunque inmediata y acompañada de monitoreo externo continuo. El comité de supervisión tendría acceso a métricas comparativas entre el modelo anterior y el nuevo.
La noticia fue recibida con atención global. Algunos medios celebraron la iniciativa como precedente histórico. Otros la miraron con escepticismo prudente, recordando que los resultados concretos serían el verdadero indicador.
En los días posteriores, las primeras métricas en tiempo real comenzaron a reflejar el cambio. La circulación de contenidos altamente incendiarios disminuyó levemente en visibilidad agregada. Temas previamente desplazados por picos virales encontraron mayor espacio sostenido. La interacción no colapsó, pero adoptó un ritmo menos abrupto.
Marina, todavía en Santiago, observaba los paneles de control con una mezcla de concentración y vulnerabilidad. Cada curva representaba no solo datos, sino la materialización de una decisión ética convertida en código.
Carmen, por su parte, escribió un ensayo académico reflexionando sobre la transición de un modelo puramente atencional a uno deliberativo-híbrido. No proclamaba victoria, procuraba subrayar la provisionalidad de cualquier arquitectura normativa.
Sin embargo, no todo era estabilidad. En determinados contextos nacionales, grupos políticos comenzaron a acusar a la plataforma de “suavizar” debates intensos y de introducir filtros encubiertos. Aunque las métricas mostraban criterios transparentes y auditables, la percepción pública seguía siendo frágil.
En una reunión de seguimiento, Varela señaló el riesgo emergente al comité de supervisión.
- Cuando el sistema deja de amplificar extremos, quienes dependían de esa amplificación pueden interpretarlo como censura.
- ¿Lo es? - preguntó un miembro del comité.
- No - respondió con firmeza - . Pero la percepción puede erosionar legitimidad si no comunicamos con claridad los criterios.
La comunicación se convirtió entonces en parte esencial del rediseño. No bastaba con ajustar ecuaciones, era necesario explicar la lógica subyacente sin simplificaciones engañosas.
Tres días después, el veinte de febrero, el comité de supervisión emitió su primer informe sobre el piloto. Concluyó que el nuevo modelo reducía volatilidad extrema y aumentaba diversidad de exposición sin evidencia de sesgo sistemático hacia posiciones específicas. Recomendó continuar la implementación y profundizar métricas de calidad deliberativa.
Frente a esto, la reacción del mercado fue cautelosamente positiva. El crecimiento se estabilizaba en niveles más moderados, pero la percepción de riesgo regulatorio disminuía.
Adrián Figueroa sintió algo que no experimentaba desde antes de la crisis: una forma distinta de confianza, menos eufórica pero más sólida. Sería también índice de madurez, no solamente del desarrollo de su empresa,
El umbral de la renuncia no había sido una capitulación, sino una decisión consciente de abandonar una lógica simplificada de éxito que ya no era válida. La empresa no se había transformado en entidad filantrópica ni en órgano público. Seguía siendo un actor privado con fines económicos. Pero había aceptado que su poder estructural exigía incorporar variables que antes consideraba externas a su misión central.
La intriga que comenzó con sospechas de manipulación, pasando por una palmaria confirmación de desvío, había desembocado en una redefinición estratégica profunda. No había héroes absolutos ni derrotas totales. Había aprendizaje institucional y tensión permanente entre eficiencia y responsabilidad.
Antes de regresar a Montevideo, Marina observó por última vez los paneles de monitoreo. Las curvas no eran perfectas ni definitivas. Eran dinámicas, adaptativas, sujetas a revisión constante.
Carmen, caminando nuevamente bajo el cielo de Santiago, luego de acompañar a Marina al aeropuerto, comprendió que la estabilidad alcanzada no era un punto de llegada, sino un equilibrio transitorio.
Y Adrián, al cerrar su despacho esa noche, supo que la verdadera transformación no había sido algorítmica, sino cultural. Consistió en aceptar que el poder digital, cuando alcanza escala sistémica, no puede sostenerse únicamente sobre métricas de crecimiento.
El umbral de la renuncia marcaba el inicio de una etapa más exigente.
No menos ambiciosa, pero sí más consciente de sus consecuencias.
La historia continuaba, ya no impulsada por la urgencia del escándalo, sino por la responsabilidad de sostener un equilibrio frágil en un entorno donde cada decisión técnica podía convertirse, inevitablemente, en un acto político.
Al llegar a su hotel, recibió la llamada de Tomás. Había llegado a Santiago y al día siguiente - fin de semana posterior a Carnaval - tenía que ir a Cuntis, por un tema familiar. La invitaba a acompañarlo, así conversaban en el camino y participaba de la Feria del Lacón con grelos, evento de la ciudad donde pasó tantas vacaciones, porque era el pueblo de su madre, donde todavía tenía a su tía Saula Loureiro. Doña Saula, su madrina. Estaba acostumbrada a recibir amistades de Tomás, seguro le encantaría y ante los comedidos comentarios de Carmen, le aseguró que su presencia no sería molestia para nadie.
Carmen se sorprendió a sí misma aceptando, se organizó la salida y pasó un día precioso.
Tomás la pasó a buscar el día siguiente, alrededor de las 10 de la mañana, manejando el coche de su padre, que le prestaba si era necesario para sus desplazamientos en Santiago, en alguna de sus visitas relámpago.
Hacía varios meses que Tomás no visitaba a su madrina, quien estaba algo mayor llegando casi a los ochenta años, y fue siempre un gran apoyo en su vida. Las llamadas telefónicas acercan, pero en cierto momento resultan poco. Había estado enferma, vivía sola, viuda desde muy joven y sin hijos, pero en el pueblo de toda la vida. Ahí estaba integrada muy sólidamente a sus vecinos y al resto de la familia que vivía en sus cercanías. Era importante que Tomás fuera, que sintiera que su ahijado estaba presente.
Cuntis queda a algo más de treinta minutos en coche desde Santiago, tal vez cuarenta kilómetros de distancia hacia el sur, según la ruta que se tome. Se encuentra en la provincia de Pontevedra, comarca de Caldas, cerca de La Estrada, Campo Lameiro, Moraña y Valga, por citar algunas de las localidades más próximas. En realidad, las fiestas se extendían tres días, por lo menos, aunque el día central era el domingo. El protagonista era el galleguísimo plato de cerdo - lacón - y esa particular verdura - grelos -, no faltando todo tipo de dulces, juegos de feria, grupos musicales y todo lo que una fiesta gastronómica turística tiene en Galicia. El paseo estrella es el Tapalacón que significa, tal cual uno se imagina, una ruta comiendo tapas de lacón especiales para el día.
En el camino de ida hablaron animadamente de cómo había encontrado Carmen la ciudad y cómo estaba Madrid según Tomás. Al final, no era tan lejos. El tiempo pasó volando. Cuando llegaron al pueblo, bajaron del auto en el estacionamiento de un amigo de Tomás, no muy lejos de la Plaza de la Constitución, donde quedaría hasta el final de la jornada.
- ¡Bienvenida a la Festa do lacón con grelos, Carmiña! - dijo inmediatamente Tomás muy formalmente -. Luego coordinaron que irían ambos a saludar a doña Saula, para que la madrina no pensara que no quería presentar a la amiga con quien vino al pueblo.
- Jamás me perdonaría mi madrina que no te llevara a saludarla, como he hecho siempre que vengo a la fiesta del pueblo con amigos - explicó. Esta vez la visita no era con su hija, porque había viajado toda la semana con su madre, su pequeño hermano bebé y el marido de la madre de Lucila a Oleiros, el pueblo de este último. Luego del saludo a doña Saula, quedaron en que Carmen se iría a dar una vuelta por el pueblo mientras madrina y ahijado pasaban un rato juntos a solas. En hora y media más o menos se volverían a encontrar para disfrutar de la fiesta. Perfecto. Después de conocer y saludar a doña Saula, con quien Tomás tenía un parecido claramente en ojos y forma de la frente - era la hermana mayor de su madre -, Carmen caminó un buen rato, calculando más o menos para encontrarse en la zona de comidas a la hora prevista. Le había gustado conocer a doña Saula. Carmen paseó traquilamente.
Comenzó recorriendo la Casa Rectoral y sus jardines, una edificación tradicional en las cercanías de la plaza, luego visitó la Iglesia de Santa María de los Baños, precioso templo de origen románico del siglo XII, con huellas del Barroco a posteriori, que está situada en el mismo perímetro de la plaza. Luego, siempre en ese entorno, admirando el Hórreo y Palomar tradicional. Cantidad de gente paseaba en familia, disfrutando las actividades que ya comenzaban a desarrollarse. Se sentó en la terraza de una taberna a tomar un refresco, escuchando conversaciones y disfrutando de la paz alegre de la fiesta. Así estaba cuando recibió el mensaje de Tomás, que le preguntaba dónde en concreto la pasaba a buscar, para disfrutar del plato de la Fiesta.
Cuando se reencontraron, ambos estaban de muy buen humor, prontos para disfrutar del xantar preparado por todo Cuntis: lacón, grelos, patacas, chourizo, filloas y postres típicos del Entroido, Carnaval, que estaba terminando. Era por la Plaza de Abastos y en varias tascas. Claro que fueron transitando con paciencia en medio del gentío de la hora pico. Tomaron - infaltable - albariño local del Val do Salnés, DO Rias Baixas, aunque tampoco faltó un tinto mencía de la Ribeira Sacra. Una muchedumbre acompañó el Enterro do Chapante - la versión propia cuntiense del Entierro de la Sardina -, despidiendo la fiesta y el Entroido hasta el siguiente año.
Carmen pasó un día estupendo. Especialmente por la compañía de Tomás, obviamente. Lo saludaba mucha gente por la ciudad donde encontraba amigos de toda su vida. Y algunos amigos o conocidos de la universidad también se cruzó Carmen. Ese saludar gente le hizo sentir pertenencia. Le pasaba algunas veces en Galicia. Hermosa fiesta muy típica de pueblo, con vecinos de la comarca y turistas que se acercaban. Carmen siempre fue muy urbana en sus visitas a Santiago, pero trataba de ir, en cuanta oportunidad podía, a estas fiestas de buen comer y beber, volviendo siempre orgullosa de sus raíces gallegas, con gente tan alegre y noble.
A la vuelta, decidieron poner música en el auto, lo que había. Y era la selección del padre de Tomás de música celta gallega. Que es como la banda musical, dicho a lo cine, más popular que tiene Galicia.
Era una verdadera selección de clásicos, con místicos como “Chove en Santiago”, de Luar na Lubre, “Negra Sombra” de Carlos Núñez - qué músico... - con Luz Casal o “Avelaiña” de Sabela. No faltaron otros más folk, si se quiere, como "O son do ar", también de Luar na Lubre, melodía celta pura y "Jiga Pandeirada", de Milladoiro, verdaderos gigantes pioneros. De la fusión con electrónica estaba en la selección "Morriña", de Baiuca y "Pano Corado" de Tanxugueiras - qué grandes esas mujeres -. Ya más bailadora, la instrumental "Danza de Cariño", otra de las canciones de Carlos Núñez - entre varias más del famosísimo gaiteiro que estaban en la memoria musical que sonaba en el auto -, y dos trementos temas más de Tanxugueiras: “Midas” y “Terra”. Obvio que aparecían también algunas super populares. Estaba “Pousa, pousa”, versión de A Roda, un oldie repetido en cuanta fiesta gallega se precia de serlo. E infaltable “O Pirimpimpín”... ¿Quién no ríe o al menos sonríe cuando "Manolo vira pra acá, María vira pra aquí..."? ¡Hay tanta música memorable del celta gallego y de su historia popular! Peculiar selección, en este caso, si se hubiera tratado de un encuentro formal entre dos expertos, en torno a circunstancias de algoritmos sombríos y una investigación por el fallecimiento de un informático. Peculiar no, se diría que imposible. Pero no lo fue, evidentemente. Durante ese día prácticamente pareció que se olvidaron del algoritmo mordaza, del nuevo algoritmo y del comité de supervisión. Conversaron los dos sobre mil cosas del momento y de su vida. Recién en las cercanías de Santiago, no mucho antes de que Carmen bajara en el hotel O'Soportal, volvieron a repasar en qué estaba el tema, qué podía esperarse de los próximos días y quedaron en que, lo que fuera, lo comentarían en las redes. Un beso y “un seguimos en contacto con este asunto”. En cuanto Tomás devolviera el auto en casa de su padre, tenía que salir de inmediato a Madrid.
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