Capítulo 5 Arquitecturas invisibles

Bouza no respondió de inmediato.

Se levantó, caminó hasta una estantería baja y extrajo un dossier institucional que parecía más un catálogo de logros que un informe técnico. Lo apoyó sobre el escritorio con un gesto contenido.

- El área de desarrollo estratégico la coordina formalmente un consejo técnico formidable, te imaginarás, con ese perfil de actividad de empresa. - dijo al fin - . Pero hay un nombre que se repite en todas las decisiones estructurales, algo así como una mente privilegiada que tiene toda la idea de Infranet System y sus siguientes pasos.

Carmen sostuvo la mirada.

- ¿Quién?

- Adrián Figueroa.

El nombre no le dijo nada de inmediato. Y eso la inquietó más que si le hubiera resultado familiar.

- Ingeniero informático - continuó Bouza - . Es de acá, de Galicia, nacido en A Coruña. Licenciado en Santiago, doctorado en optimización matemática aplicada. Pasó por Alemania, por Singapur… y regresó a Galicia hace cinco años con un proyecto propio. Un hombre de unos cincuenta años. Muy brillante. Muy reservado.

Carmen sintió un movimiento leve en el estómago. No miedo. Anticipación.

- ¿Reservado cómo?

Bouza sonrió apenas.

- Venga, que no concede entrevistas, no participa en foros públicos, no firma artículos académicos desde hace cinco años. Pero igual su nombre aparece vinculado a varias patentes recientes norteamericanas sobre sistemas de priorización dinámica enfocadas al mundo digital.

La palabra resonó y Carmen ató conceptos: priorizar, ordenar, decidir qué se ve primero.

Carmen apoyó las manos sobre el escritorio, juntas.

- ¿Cuáles han sido sus líneas de investigación conocidas?

- Al menos algunas: optimización bajo incertidumbre, teoría de juegos aplicada a sistemas masivos, modelos de supresión estadística.

Carmen levantó la vista.

- ¿Supresión?

- Reducción de visibilidad de nodos considerados disruptivos en una red. Es un concepto matemático neutro - añadió Bouza - . Depende de para qué se use.

La lluvia golpeaba el vidrio con mayor intensidad.

Carmen recordó el análisis de Marina: la función que no eliminaba contenidos, pero alteraba su posición hasta volverlos invisibles en la práctica. Una degradación progresiva, calculada.

- Necesito acceder a los registros de adquisición tecnológica de Infranet Systems - dijo - . Particularmente a la compra realizada en octubre pasado.

Bouza frunció el ceño.

- Eso no es información pública, me extraña que lo plantees en esos términos, Carmen.

- Lo sé.

- ¿Estás investigando algo más que una cuestión académica, Carmen?

Ella lo miró sin parpadear.

- Estoy intentando entender si un modelo matemático puede convertirse en un instrumento de censura estructural.

No era mentira lo que le dijo a su antiguo tutor de tesis, pero tampoco era toda la verdad.

Bouza la observó unos segundos, calibrando cuánto preguntar. Él conocía que parte del trabajo como consultora de Carmen, incluso con su prima Marina, la llevaba a veces a temas empresariales en los que tampoco quería inmiscuirse. Pero, en lo que pudiera, siempre le gustaba colaborar con ella.

- Puedo conseguirte una reunión - dijo finalmente - . No con Figueroa, él decide a quién recibe y son muy pocos. Pero lo puedo intentar con alguien del equipo jurídico interno.

Carmen asintió.

- Bien y le agradezco. Eso me alcanza por ahora.

Después de unas primeras horas de actualización y lectura cada uno por su lado en el Departamento de Derecho Mercantil, fueron a comer juntos no muy lejos del Campus.


La tarde se apagaba temprano en Santiago en la primera quincena de enero.

A las cinco de la tarde, a la vuelta de la comida con su Profesor, no faltaba mucho para que oscureciera.

Carmen caminó por el Ensanche, hacia la Avenida Hórreo. Cuando dobló a la altura de la esquina de la calle Laverde Ruiz, recordó tantos lindos momentos de su estadía en el colegio mayor, durante el semestre que cumplió los cursos del doctorado. Época inolvidable. Siguió hasta la zona monumental y tomó por la Rúa Nova esta vez, envuelta en su abrigo oscuro, el cuello levantado contra el aire húmedo.

El frío gallego no era agresivo, sino persistente. Se filtraba con paciencia hasta los huesos.

La ciudad parecía contenida. Las luces amarillas de los bares iluminaban las piedras mojadas. Desde una ventana abierta llegaba el sonido tenue de una gaita ensayando escalas lentas.

Montevideo le vino a la mente como una imagen invertida: calor, mar abierto, ruido continuo. Allí, en enero, la ciudad se expandía hacia la rambla. Aquí, en invierno, todo parecía recogerse hacia adentro.

Pensó en Walter Ledesma. No habían vuelto a hablar desde su llamada en Montevideo, cuando le avisó que adelantaba su viaje.

Él sabía que había algo más en su decisión de viajar tan rápido. Sabía que la muerte del ingeniero no era un dato lateral. Pero Carmen todavía no estaba preparada para compartir esa parte.

No por desconfianza, sino por estrategia. Si la muerte estaba vinculada al algoritmo, entonces la estructura que intentaban comprender no era solo técnica. Era una red con intereses económicos, contratos internacionales, probablemente cláusulas de confidencialidad blindadas. Preguntas de un inspector extranjero, preguntando en Galicia desde Uruguay, podría activar alarmas innecesarias.

Carmen necesitaba primero entender la arquitectura informática.

Solo después involucraría formalmente a la policía, española por competencia directa e informando a su contacto en la policía uruguaya por cualquier relación posible con la muerte de Julián Acosta. Pero ahora le tocaba esperar el llamado del profesor Bouza con noticias de la reunión en la empresa donde trabajaba Figueroa.


Bouza cumplió, hizo el contacto. A la mañana siguiente, ocho de enero, fue la reunión en Infranet Systems, aunque más sencilla de lo que hubiera querido. El polígono industrial queda a 5 kilómetros del centro de Santiago. Con todos los servicios empresariales posibles, aloja en realidad más de trescientas empresas de diversos tamaños y muy diversos servicios, interconectadas con el mundo entero. En definitiva, un mundo en sí mismo.

El edificio de Infranet en el polígono del Tambre era moderno, de líneas limpias y vidrio opaco. Nada ostentoso, de gran solidez, se notaba que eficiente.

La recibió una mujer de unos cuarenta años, rubia con el cabello recogido, traje gris impecable.

- Laura Seoane, responsable jurídica corporativa - se presentó -.

Se estrecharon la mano.

- Carmen Anido Pérez.

- Sabemos de usted - dijo Seoane con una sonrisa medida - . Su trabajo sobre responsabilidad algorítmica es referencia en varios foros.

Carmen registró la frase: sabemos de usted...

- Agradezco la cortesía - respondió - . Mi interés es académico.

- Por supuesto.

La sala de reuniones tenía una pantalla central apagada y una mesa ovalada de madera clara. Todo parecía diseñado para transmitir transparencia. Agradable, luminosa, hermética sala. De las que uno piensa que de alguna manera lo pueden estar filmando.

Carmen fue directa.

- En octubre pasado adquirieron un paquete tecnológico desarrollado originalmente en América Latina. Un sistema de clasificación adaptativa de contenidos.

Seoane no parpadeó.

- Realizamos múltiples adquisiciones en ese período.

- Este incluía un módulo de optimización basado en modelos de supresión estadística.

Un silencio breve.

- Nuestros contratos están protegidos por confidencialidad, así como mi trabajo profesional - dijo finalmente Seoane - . No puedo confirmar ni negar detalles técnicos.

Carmen apoyó una carpeta sobre la mesa.

- No busco detalles específicos técnicos ni sensibles. Me interesa comprender los criterios éticos y regulatorios que aplican a sus sistemas de priorización.

Seoane inclinó ligeramente la cabeza.

- Todos nuestros desarrollos cumplen con la normativa europea de servicios digitales.

Carmen sostuvo su mirada y dijo a continación: - Cumplir no es lo mismo que no dañar.

La frase quedó suspendida.

Durante unos segundos, el único sonido fue el zumbido tenue del sistema de climatización.

- ¿Está insinuando algo? - preguntó Seoane con suavidad, seguía sin parpadear ni moverse.

Carmen mantuvo la voz estable.

- Estoy analizando cómo determinados modelos matemáticos pueden afectar la visibilidad de información legítima sin que exista una orden explícita de eliminación. Me interesa saber si su empresa evalúa el impacto social de esas decisiones.

Seoane sonrió otra vez.

- Nuestros algoritmos no toman decisiones políticas. Se concentran en la optimización de la experiencia del usuario.

La respuesta era perfecta, por supuesto. Demasiado perfecta.

Carmen supo que no obtendría nada más allí.

Se levantó con elegancia.

- Le agradezco su tiempo.

La abogada la acompañó hasta el ascensor del piso comentando superficialidades, como por cuánto tiempo piensa estar y novedades de la ciudad para ver esos días.

Cuando salió del edificio, la lluvia de ese día había cesado. El cielo seguía gris, pero más claro.

Mientras caminaba hacia la parada de taxi, sintió una mirada. No fue una sensación romántica ni literaria, sino un cálculo instintivo. Un ajuste en la percepción.

Giró apenas la cabeza.

A unos veinte metros, junto a un automóvil oscuro estacionado, un hombre la observaba.

No parecía empleado, no llevaba credencial visible. Vestía un abrigo largo negro, sin paraguas, como si el clima no le afectara, como hace un gallego de toda la vida de Santiago.

No sonreía, no transmitía nada.

Sus ojos se encontraron durante un instante, el suficiente para tener conciencia de que se habían visto, pero no retiró la mirada. Fue un segundo, dos como mucho. Lo suficiente para que Carmen registrara algo preciso: no era curiosidad que la mirara, era evaluación. La miraba con conocimiento.

El taxi llegó en ese momento y Carmen se distrajo unos instantes.

Cuando volvió a mirar, el hombre ya no estaba junto al automóvil.

La puerta trasera del taxi se cerró con un sonido seco. Carmen dio la dirección del hotel.

Mientras el coche avanzaba por la carretera húmeda, sintió por primera vez desde su llegada una alteración leve en su pulso.

No era miedo, sino la confirmación de que el tema era delicado. En Santiago ella siempre se sentía segura.

De todas maneras, si alguien la estaba observando, era porque su presencia había sido notada. Y si había sido notada tan rápido, significaba que se entendía que su interés no era tan académico como ella había pretendido presentar.

Apoyó la cabeza contra el respaldo del taxi.

Pensó en Marina, en su precisión matemática. Pensó en Julián Acosta tendido en el suelo del hotel en Ciudad Vieja. Pensó en la función oculta que degradaba contenidos hasta hacerlos desaparecer sin borrarlos.

Un algoritmo que no silencia con violencia, sino con orden.

Un algoritmo que no prohíbe, sino que desplaza. Esa era la clave.

En algún lugar de esa arquitectura, está posicionado un hombre llamado Adrián Figueroa, de reconocida inteligencia y de reconocida pericia en ese tema. Inserto en una estructura empresarial que mostraba disponer de muchas posibilidades de todo tipo, mejor dicho, de cualquier tipo.

Su visita no había tenido más objetivo que estar ahí, que vieran que no se ocultaba y que quería tener contacto para obtener información.

Carmen cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, tomó el teléfono.

Estaba llegando el momento de llamar a Montevideo. Lo que estaba comenzando a intuir ya no era solo un problema técnico. Era una estrategia lo que había percibido, una estrategia sólida, pensada, organizada. En ese caso, era claro que alguien la había diseñado con intención.

La existencia del algoritmo mordaza estaba confirmada. Era un verdadero bozal, censurando. O podía serlo con demasiada facilidad y sin que la abrumadora mayoría de los ciudadanos usuarios de plataformas digitales pudiera percibirlo como tal. La incógnita seguía siendo quién decidía lo qué debía callar el algoritmo.

La gran pregunta era por qué un ingeniero había muerto antes de poder explicarlo.


Carmen llamó al inspector Ledesma, a su celular.

- ¿Cómo fue su viaje, profesora? - le dijo directamente Ledesma al atender. Evidentemente tenía el número registrado.

- Tranquilo. Y desde mi llegada estoy aprovechando para hacer los contactos previos que pensaba. ¿Hay algún avance en el caso penal?

- Y... no... Tampoco ayuda que estemos en la feria de enero. En Fiscalía este tema se mueve poqúisimo hasta ahora y hacia el cierre del expediente, más bien. Predomina la idea de que estamos a casi una semana sin evidencias - y ni siquiera indicios - que hagan pensar que no hubo autoeliminación.

Conversaron poco más, socialmente, y Carmen se despidió. Estaba convencida que era fundamental que ella identificara o generara datos que se consideraran suficientes para avanzar con el expediente de la muerte de Julián.



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